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A continuación incluimos algunos ejemplos de información personal que el centro Takiwasi puede recolectar y cómo podemos utilizarla.

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Fotografías con imagenes de algunas de las actividades que forman parte del tratamiento de adicciones en el Centro Takiwasi

LAS ETAPAS DEL TRATAMIENTO


Se necesita de 9 meses, como mínimo, hasta 12 meses, como máximo, de tiempo de internamiento. En casos particulares de intoxicación menor o de limitaciones en la disponibilidad del paciente (por ejemplo obligaciones familiares imperativas) se puede negociar y acordar tiempos de residencia más cortos o por períodos escalonados.

El tratamiento está dividido en cinco etapas, con tres principales durante la residencia:



1. Etapa preliminar

El primer requisito para iniciar el tratamiento es que sea el paciente quien lo solicite.

Los pacientes locales deben acudir a citas en el Centro durante varios días para explorar su motivación y que se le informe sobre el tratamiento, sus modalidades y las normas del Centro. Si el paciente radica lejos del Centro, una vez hecho el contacto inicial se le dan indicaciones por teléfono o correo electrónico.

A su llegada, el paciente tendrá una evaluación médica de ingreso (historia clínica, examen físico y análisis básicos) para conocer su estado de salud física y sus antecedentes patológicos. Esa evaluación se repetirá automáticamente al mes de internamiento y a los seis meses de internado o según las necesidades. También se procede a una evaluación básica de su estatus psicológico y se aprecian los eventuales rasgos psiquiátricos.



2. Desintoxicación física

El trabajo se centra básicamente en la limpieza y recuperación física. Es una etapa de desimpregnación de las drogas mediante la ingesta de plantas depurativas, baños de plantas, saunas, masajes y ejercicios físicos. Se añade un régimen dietético especial que también forma parte íntegra del tratamiento.

Al empezar su estadía, el residente estará entre 8 y 10 días en el módulo de aislamiento, donde seguirá el tratamiento de desintoxicación y recuperación física. Tomará plantas con efectos vomitivos y purgativos; tendrá una sesión diaria de sauna; recibirá diferentes terapias de acompañamiento (cura de aceite, masaje, entrevistas, etc.). Estas técnicas permiten reducir drásticamente el síndrome de abstinencia y evitar el uso de fármacos.

El contacto con los residentes que ya iniciaron el tratamiento no es permitido hasta que termine el período de aislamiento y desintoxicación inicial.

Se mantiene una tradición que surgió entre los residentes y que consiste en el corte total del cabello (rapada), solo al inicio del tratamiento, y en el despojo de los atributos de "decoro" (barba, bigotes, piercing...). No se trata de un acto de humillación sino de una señal simbólica de aceptación de cambio, de limpieza, de ruptura con el pasado y con ciertos moldes de comportamiento. Indica hasta que punto la persona está dispuesta a dar algo de sí y sacrificar aspectos segundarios de su personalidad para alcanzar la esencia de su naturaleza.

El acompañamiento y seguimiento psicológico es constante y tiende a afianzar las motivaciones para seguir el tratamiento, así como brindar informaciones sobre las actividades, terapias, las reglas, y las costumbres del tratamiento. Cada residente tiene un psicoterapeuta personal de referencia.

Al terminar satisfactoriamente el período de aislamiento, el paciente ingresa a pabellón de residencia comunitaria. Prosigue con métodos depurativos hasta llegar a la primera toma de Ayahuasca que se da generalmente finalizando el primer mes de internamiento.

A este momento, en una pequeña ceremonia el residente realiza su voto o compromiso de curación y de renuncia a las drogas ante lo que considere más sagrado a sus propios ojos.

La orientación del trabajo psicológico está centrada en la toma de conciencia del daño ocasionado a sí mismo y a los demás. El paciente parece salir de un largo sueño y se da habitualmente un proceso de rememoración de hechos del pasado con fuerte carga afectiva que requieren ser correctamente metabolizados.

Esta etapa dura 2 meses aproximadamente y termina con la primera "dieta" y las dos semanas de post-dieta que siguen.

Esos tres primeros meses (hasta concluir la post-dieta) el residente no puede ver a sus familiares ni comunicarse directamente con ellos para evitar interferencias emocionales desestabilizadoras. Sin embargo se desea que la familia tenga relación fluida y contacto regular con el equipo terapéutico.


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3. Reestructuración psico-emocional y existencial

La recuperación física es casi completa, salvo casos de deterioro muy grave. El abordaje de las cargas psicoafectivas tiene 4 meses aproximadamente de duración. El trabajo terapéutico se centrará en la búsqueda y la afloración de las emociones o vivencias reprimidas que sustentan inconscientemente la estructura de dependencia. Se trata también de detectar factores personales, familiares, sociales y existenciales que puedan alimentar la conducta adictiva y evocar posibles soluciones.

Se acuden a técnicas de psicoterapia tanto en el abordaje individual como grupal, al uso tradicional de plantas medicinales con efectos psicosomáticos y a los retiros o “dietas”, para permitir al residente tomar conciencia de las causas ocultas que han originado parte de su problema de vida de tipo afectivo, existencial o espiritual que se traduce en el consumo de drogas.

Se refuerzan los contenidos de la primera etapa pero al mismo tiempo se aborda la relación con la naturaleza, con el mundo exterior y en general con lo “diferente”. Se inicia así un proceso de diferenciación esencial para salir de los estados fusionales de la dependencia emocional. A medida que se esclarecen los problemas personales, aparece en el horizonte el OTRO, la persona diferente y se indaga en la exploración de la constelación afectiva del sujeto.

Todo ello encuentra aplicaciones en la convivencia con los demás residentes, cada incidente siendo una oportunidad de esclarecer y modificar patrones de comportamiento inconscientes. Esa reestructuración de la personalidad desemboca espontáneamente sobre la definición existencial de su propia vida y por ende sobre una dimensión de trascendencia en nuestras existencias. El proceso introspectivo se orienta hacia inquietudes metafísicas mientras la actitud es más realista y pragmática. Se reencuentran elementos espirituales y religiosos que se ofrecen como pilares de una nueva vida orientada hacia el crecimiento personal. El mayor logro a este nivel consiste en descubrir el sentido de su propia vida, su vocación individual y ser capaz de darle forma a través de la elaboración de un proyecto concreto de vida. El mantener vigente esa perspectiva constituye una garantía de curación.


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4. Reinserción

Esta etapa abarca la reincorporación al espacio familiar, laboral y social. Se da una orientación individual considerando las características e intereses particulares de cada residente. Ningún paciente es dado de alta sin saber qué hará fuera del Centro, con un proyecto que apunte a un cambio en el estilo de vida.

La planificación de la reinserción y del egreso del Centro implica muchos detalles como actualizar documentos, completar estudios, capacitar en oficios, averiguar probables empleos, etc. Se necesita prever cambios estructurales en la familia y cambiar de domicilio: se excluye en un principio que un paciente vuelva a vivir con sus padres lo que genera recaídas en la casi totalidad de los casos.

El paciente seguirá un programa de salidas progresivas para retomar el contacto familiar y laboral especialmente.

También se propone seguir, en el caso de jóvenes sin formación, un curso breve técnico-ocupacional o estudios escolares. Mientras se realizan los contactos externos el paciente continúa en el Centro participando de las terapias. Se prosigue con una labor de afianzamiento psicológico con enseñanza de técnicas de evitamiento de las recaídas (resolución de conflictos, metabolización de la frustración, apertura de nuevos circuitos relacionales, etc.).

Cuando egrese definitivamente acudirá según un programa de citas para el Seguimiento que constituye una etapa fundamental para consolidar lo aprendido durante el internamiento. También se brinda atención psicológica a la esposa y los hijos de los pacientes cuando se dan las circunstancias.


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5. Seguimiento y reforzamiento

El tratamiento no termina con el egreso pues se necesita un tiempo largo de observación y acompañamiento para concluir a la curación definitiva. Solucionar la dependencia y la compulsión es una revolución profunda de la estructura personal, cuyos cambios, iniciados en TAKIWASI, continuarán llevándose a cabo a lo largo de la vida. Se estima que luego de 5 años de abstinencia con cambio estructural de la personalidad y del modo de vida, la curación es plenamente lograda.

Cuando es posible se recomienda al ex-paciente asistir una vez al mes como mínimo a una entrevista personal con una eventual toma de plantas. Luego según el ritmo y las necesidades personales de la persona se van espaciando esos encuentros terapéuticos.

Para las personas establecidas lejos del Centro, en la medida de lo posible, una conexión se establece con instituciones o terapeutas conocedores del modelo TAKIWASI y morando cerca del domicilio del paciente.

El centro está siempre en disponibilidad de acoger en internamiento por breves periodos a los pacientes que, habiendo terminado el tratamiento satisfactoriamente, soliciten participar de un proceso terapéutico de reforzamiento que incluiría la toma de plantas depurativas y/o psicoactivas y/o una "dieta".

No hay necesidad de esperar un desliz o una recaída para solicitar el reforzamiento. Durante el tratamiento cada residente aprende a conocer en su cuerpo y sus emociones cuando empieza a cargarse y así discriminar situaciones que le pueden llevar a una crisis. Para acogerse al programa de reforzamiento es preferible solicitar su participación con anticipación para poder preparar la estadía y evitar así superposición de actividades.


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