Vida Cotidiana

Las actividades previstas para los residentes no son facultativas ya que hacen parte íntegra del tratamiento. Sin embargo, las actividades de corte espiritual o religioso nunca son obligatorias, cada paciente siendo libre de participar o no, según su fe, su creencia o su filosofía de vida.

Durante el día los residentes están organizados en grupos de trabajos por áreas para cumplir responsabilidades en las tareas cotidianas comunitarias. Las áreas de trabajo en las mañanas son la cocina, limpieza, jardines, mantenimiento de las instalaciones, sembrío de frutas y hortalizas, panadería, entre otras actividades de ergoterapia. Toda lo producido es exclusivamente para el consumo interno. Participar en estas tareas actúa no sólo ordenando el entorno, sino estructurando a cada cual a nivel interno. Constituye también una forma de retribución personal a la dinámica del Centro. Así cada paciente aprende a cocinar, hacer pan, lavar su ropa... o sea atenderse a sí mismo en aspectos elementales de la vida.

En las tardes los residentes participan en talleres de autoconocimiento, como el taller de máscaras y cuentos, y en talleres ocupacionales en los que se realizan trabajos de artesanía, carpintería y otros, o alguna actividad artística como medio de expresión de los sentimientos (pintura, música, etc.). Al finalizar la tarde se dan las reuniones psicoterapéuticas o psicoeducativas, charlas de cultura general y de capacitación. Sirven en especial a gestionar los conflictos interpersonales, aprender la tolerancia a la frustración, desarrollar una verdadera comunicación y abrir los horizontes de los pacientes.

También se llevan a cabo actividades deportivas y lúdicas (fútbol, juegos, fogatas, hasta artes marciales, etc.) y se deja espacios de ocio y descanso tanto en la convivencia cotidiana, así como durante el fin de semana. TAKIWASI no propone una hiperactividad permanente que trate de distraer la atención del paciente de su problemática. Si bien se considera necesario no permanecer en debates mentales constantes, se procura a la vez que el tiempo de estadía sea un momento de auto-observación, de reflexión y de meditación.

Liberado de preocupaciones exteriores, el paciente puede orientar toda su energía hacia el conocimiento de sí mismo. Para ello también no hay salida del Centro hasta el tiempo de reinserción (más o menos al sexto mes). Sin embargo, el equipo terapéutico planifica paseos de un día cada 2 semanas y visitas regulares a la reserva botánica (una hora a pie del Centro, en plena selva) para trabajar, tomar plantas, participar en sesiones de Ayahuasca o realizar la "dieta", un retiro de 8 días que rompe el encierre.

El Centro reúne a personas de procedencia, nivel social y contexto cultural muy contrastado, desde el campesino indígena local hasta el universitario de Lima o el estudiante europeo. Ello favorece el desarrollo de la flexibilidad mental, de la adaptación a los demás, de la toma de conciencia de sus propias características individuales en un proceso curativo de diferenciación.

Vale subrayar que el grupo de un máximo de 15 pacientes dispone de 2,5 hectáreas para esparcirse, con las puertas abiertas a la calle, un simple cerco de plantas y árboles, un lado del terreno bordeado por el torrente de Shilcayo donde uno se puede bañar. El contexto no evoca así un ambiente de encarcelamiento forzado de corte carcelario u hospitalario. Marca la vida cotidiana el ritmo de las diversas celebraciones de la vida social (cumpleaños, compromisos o votos de abandono de las drogas, festejo de salida...), del proceso terapéutico (sesiones ritualizadas de plantas y de la "dieta" esencialmente) y de la vida espiritual (meditación, misas para los practicantes, ritos de reparación...).